Es muy simple, lo único que hay que hacer no hacerle caso ni intentar tocarla. En España, encontramos tres especies de víboras distribuidas por todo el territorio nacional: la víbora áspid (Vipera aspis), la víbora hocicuda (Vipera latastei) y la víbora de Seoane (Vipera seoanei). De estas tres, la víbora áspid es la más venenosa por lo que siempre ha estado una especie temida y poco apreciada por los montañeros.
Una víbora, no atacará a una persona a no ser que se la moleste, voluntaria o involuntariamente (puede ser que la pisemos, ya que son difíciles de ver gracias a su excelente camuflaje...y de regalo, no dará un buen mordisco). La primera reacción de una víbora frente la presencia humana, será la de huir, aunque si no tiene escapatoria puede fingir estar muerta. En caso de encontrarnos con una, lo más prudente será dejarla tranquila y seguir nuestro camino.
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| De izquierda a derecha: distribución de víbora áspid (Vipera aspis), víbora hocicuda (Vipera latastei) y víbora de Seoane (Vipera seoanei). |
Las mordeduras de víbora provocan una inflamación que puede avanzar por la totalidad del cuerpo
provocando un dolor intenso, equimosis, edema local y trastornos generales. La gravedad de la mordedura dependerá sobretodo de la cantidad de veneno inoculada. de la condición física del afectado y de que víbora no haya picado, por lo que tendremos que intentar identificarla, para facilitar el tratamiento que se realizará en el centro asistencial.
Sólo muy esporádicamente la mordedura llega a provocar síntomas graves como el coma, estado de shock o problemas renales. En caso de sufrir una mordedura de víbora, los servicios sanitarios aconsejan no desplazar la víctima y dejar la extremidad afectada en reposo y elevada. Se deberá contactar con los servicios de emergencia, que se encargaran de valorar la gravedad, y si es conveniente, aplicaran suero antiofídico.

